Danza Oriental, nada es lo que parece…

Nada es lo que parece, una sombra, una silueta moviéndose sinuosamente como una serpiente encantada. Movimientos ondulantes, puros femeninos ¿o no?

Es en ese momento cuando te giras y traspasas los límites de la sociedad:

Y es en ese preciso instante cuando soy consciente de que la danza traspasa todos los estereotipos.

Porque por suerte las mujeres pueden vestirse de más de un color, no sólo en color rosa y a los hombres les quedan muy bien otros colores no sólo el azul, como por ejemplo el rojo.

Porque por suerte los hombres también bailan, escapándonos de estereotipos arraigados y los roles de género de que la danza es una actividad femenina.  Puedes ser un hombre elegante moviéndote con tu técnica y estilo, interpretando una canción romántica y al mismo tiempo ser  fuerte y masculino, frágil y tremendamente atractivo.

Llega el momento en el que las luces se apagan y desapareces con el sonido gratificantes de las palmas de las manos al aplaudir, convirtiéndose en una melodía más fácil de interpretar. Y allí detrás del telón sigues siendo tú, sin importar de dónde vienes o lo que piensen los demás…

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